De la venada atrapada

La semana pasada, tuve el honor de asistir a una venada, atrapada en el vertedor de la presa Jalpan, donde cayó desde la parte de arriba y tuvo la fortuna, salvo un raspón en su lomo, de no romperse nada y regresar al monte. Ayudar a fauna en apuros ha sido una constante desde que era niño. Desde un pelícano que aterrizó débil luego de su larga migración desde Canadá o los Estados Unidos y todo fue cosa de alimentarlo con pescado por unos días, pero eso sí, convertirlo en víctima de mi ignorancia combinada con buena voluntad. Pues el tipo defecaba líquido (como ellos lo hacen) y me empeñé en remediar aquello con generosas dosis de Pepto Bismol, sin resultados satisfactorios. Afortunadamente me sobrevivió y emprendió el vuelo. O un halcón de Harris, que tan acostumbrado estaba a los humanos que al liberarlo hubo que llevarle carne por varias semanas hasta que comenzó a cazar por sí mismo, halcones peregrinos que vieron interrumpida su ruta, para retomarla luego de ayudarlos. O un puercoespín que disfrutó de una dieta de mangos al ser rescatado de unos perros por niños y luego procedimos a liberarlo en el bosque. Niños que recibieron educación ambiental por parte de mis colegas del GESG, y ello hizo toda la diferencia.
Son siempre interacciones que dejan buen sabor de boca, por el hecho de ayudar a un hermano menor en apuros, y por comprobar, que al mismo tiempo que hay humanos empecinados en lastimar y matar todo lo que se mueva, hay otros que se solidarizan por voluntad propia.
El rescate de la venada fue especial por varios motivos. Da gusto, con la situación descompuesta de México en materia de seguridad, que fueran oficiales de la Policía Municipal quienes nos dieran aviso y la ayudáramos, lo que habla de su calidad moral. O los bomberos de Protección Civil que llegaron listos para socorrerla de manera completamente desinteresada. Al final acabé arreándola solo, con menos stress para la misma y nadó olímpicamente en la poza aguas abajo del vertedor, llegar a la margen del río y seguir su camino, pero fuimos más de 10 personas involucradas en proteger la biodiversidad de la Sierra Gorda.

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