De los coatíes felices

Santuario bromelias_2Desde 1996, cuando creamos la primera reserva privada, Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG) ha tenido el privilegio de custodiar más santuarios naturales en la Sierra Gorda, donde la Naturaleza se ha expresado de manera elocuente y generosa. Y aunque en estos montes no quedan ecosistemas vírgenes, algunos permanecen con la mayor parte de sus integrantes, que van desde los elegantes jaguares a los ruidosos coatíes.
Sólo para llegar a la reserva número 2 hay que recorrer un largo camino en carretera y luego una brecha maderera donde uno se pregunta si el jeep no dará una maroma por lo vertical de la misma. Finalmente, hay que caminar unas dos horas por un “sendero” que básicamente ya no existe.
Para ello es necesaria la presencia de un estimado colega, Javier Aguillón, guardaparque del GESG (Keeper of the Wild, financiado con el apoyo de nuestro socio británico, el World Land Trust), quien pone todos los sentidos cuando sale a campo y, gracias al cual, pudimos avanzar por la vereda, ya tupida en parte.
Aún con Javier perdimos la vereda varias veces, lo que resulta un excelente signo porque eso significa que los madereros han dejado de fastidiar y rapiñar un sitio prioritario para la conservación, y que básicamente hemos conseguido devolver a la vida silvestre su territorio.
En áreas circundantes, en cambio, señales de lo que autoridades e ingenieros se empeñan en llamar “manejo forestal”, eufemismo que no esconde sus intervenciones depredatorias con el pretexto de ejecutar saneamientos forestales para el control del gusano descortezador del pino. Sin embargo, estas acciones solo sirven para dejar bosques socarrados, asperjados con venenos y árboles sanos, como encinos y enebros, trozados. Todo por lucrar y sacar madera que mal pagan a los propietarios locales.
A 2,200 metros sobre el nivel del mar, y con exposición noreste, esta reserva alberga un extraordinario bosque de niebla donde cedros blancos, robles y abetos forman una extraordinaria comunidad cubiertos por musgos, helechos y la más extraordinaria cantidad de bromelias.
Ya en el corazón de la misma, y a escasos metros de nosotros, nos sorprendió una frenética actividad. Algo o alguien sacudía las ramas de los árboles con energía y estaba arrojando las grandes bromelias al suelo. Al acercarnos, resultó ser una tropa de coatíes, madres e hijos muy entretenidos almorzando los cogollos tiernos de las bromelias.
De regreso encontramos una serpiente de cascabel descansando a media vereda. Aunque ya he tenido muchos encuentros con serpientes venenosas, siempre han sido pacientes para dejarse fotografiar. No obstante, no deja uno de sentir la adrenalina fluyendo ante un animal cuya mordida es potencialmente letal. Máxime en esos rumbos, donde bueno y sano cuesta llegar…
Todas estas señales son muestra de que podemos proteger de manera efectiva a ecosistemas y especies ante la sexta ola de extinción masiva, dejando fuera del saqueo humano a los últimos santuarios naturales del planeta. Ojalá que la única preocupación de los coatíes siga siendo almorzar los mejores cogollos de bromelia.

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